LA BODEGA
En 1998, un grupo de amigos argentinos e italianos se propuso algo simple de decir y difícil de hacer: dejar que los viñedos hablaran, sin forzar nada. Encontraron parcelas centenarias —algunas plantadas en 1910— de muy bajo rendimiento pero enorme carácter, y las trabajaron con mínima intervención. Ese criterio los llevó a Finca Altamira, hoy una de las tierras más premiadas del Malbec argentino.
EL VINO, EN CLAVE SONORA
Nacido en viñedos de Luján de Cuyo, entre 900 y 1.100 metros de altura, este Malbec reúne la complejidad del mosaico de suelos y climas del departamento, como distintas voces del mismo coro. Perfil elegante, de expresión floral marcada y taninos aterciopelados que se dejan sentir sin imponerse — un tema que no necesita subir el volumen para hacerse notar.






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